Un vistazo a la edición especial de The Witcher 3

Al margen de callofdutys, assassinscreeds y demás morrallas anuales, The Witcher 3: Wild Hunt es probablemente el juego más esperado del año. Su lanzamiento oficial, hoy mismo, es un acontecimiento al que casi hay que ir con pajarita. No podía faltar a la fiesta la correspondiente edición para coleccionistas, claro. Y una de las de verdad, no esas cochambres que vienen con un librillo de 20 páginas, un código para DLC y para de contar.

La edición “tocha” de lo último de CD Projekt llega en una mastodóntica caja de 42×36 cm, está repleta de tesoros para los fans del brujo albino y, por supuesto, las reservas llevan agotadas desde el verano pasado. Si tú también te has quedado sin ella, esto es lo que te has perdido…Una vez pasada la sorpresa por el tamaño de la caja (que no las agujetas por llevarla en brazos), lo primero que llama la atención al abrirla son las firmas de los desarrolladores en el interior. Son autógrafos impresos, no han ido firmando los doscientos polacos en cada una de las cajas que se han fabricado, pero es un pequeño detalle que demuestra el cariño que CD Projekt ha depositado en el proyecto. No son firmas de verdad, pero sí es palpable el orgullo por el trabajo bien hecho que les ha llevado a incluirlas.

Dentro de la caja hay una segunda caja con un diseño precioso que se abre deslizando dos piezas. Ahí podemos encontrar la primera golosina: un libro de arte de 200 páginas en tapa dura, con una impresión cuidadísima a todo color y, sorpresa, con textos traducidos al castellano (un detalle que la mayoría de las distribuidoras suelen pasar por alto debido a los altos costes de fabricación que supone). El volumen es sensacional y no desmerece en absoluto al lado de otros libros de arte que se venden entre los 20 y los 30 euros.

Lo siguiente en asomar es una copia de la edición normal del juego (que, como explicaré más adelante, es en sí misma bastante generosa), una caja metálica y un medallón como el que Geralt de Rivia lleva en el juego. Como maniático del orden que soy me ha cabreado que haya dos cajas porque una de las dos se va a tener que quedar vacía de forma absurda, así que probablemente acabaré vendiendo en eBay la estándar y me quedaré con la metálica.

Como decía, la edición normal rompe con la tendencia habitual de racanear al máximo (ni manual de instrucciones incluyen ya algunos juegos) y es más interesante que algunas ediciones especiales que se venden con sobreprecio. Junto al disco del juego se incluye un mapa desplegable, un set de pegatinas, un pequeño libro que ofrece algunos detalles introductorios sobre el mundo del juego y sus personajes, un código para canjear por un cómic digital, otro para contenidos adicionales para el juego para móviles The Witcher Battle Arena, la exquisita banda sonora en formato CD y una carta de agradecimiento del equipo por comprar el juego original. El tono de la carta es tan populista que parece escrita por Pablo Iglesias, pero en fin, es un detalle simpático que tampoco hace daño.

Por último, una caja de corcho aparte protege una estatua de unos 30x30x30 cm que muestra a Geralt a punto de darle un buen estacazo a un grifo. El modelado es de calidad y está pintada a mano. Se nota que no es una pieza de museo de Sideshow Collectibles, pero es más que resultona. Ha habido cierta polémica porque al parecer algunas han salido con un acabado terrible, pero la mía está perfectamente así que me imagino que habrán sido casos aislados con defecto de fabricación. Un trabajador deseando terminar para irse a cenar, probablemente.

Muy pocas pegas pueden ponerse a una edición muy cuidada tanto en presentación como en calidad y cantidad de contenidos. Si acaso que no hayan fabricado más unidades o que, maldita sea mi estampa, no se me ocurriera reservar una segunda para revenderla al doble de precio.

Iván Rosique González
Santomera, Murcia (1985). Licenciado en Periodismo por la Universidad Católica de Murcia. Se incorporó a 'La Verdad' en 2009. Es redactor. Anteriormente en Meristation, Hardgame2 y PSMotion. Un día su padre se presentó en casa con una Atari y desde entonces perdió un hijo. A veces sueña que SEGA todavía hace consolas y al despertar llora con amargura.
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