Carmageddon está de vuelta

Carmageddon fue el cabeza de turco favorito de los medios de comunicación a finales de los 90, una época de acoso y derribo contra los videojuegos, que de la noche a la mañana habían pasado de pasatiempo inocente para niños a convertirse en responsables directos de todos los males de los jóvenes. Fueron los años del “niño de la katana”, los juegos de rol asesinos y Carmageddon, “el simulador de atropellar a gente donde te dan más puntos por asesinar a embarazadas y ancianos“.

Por supuesto esta imagen tendenciosa y abiertamente malipulada del juego produjo el efecto contrario y de la noche a la mañana todos los chavales de entonces lo tenían instalado en sus ordenadores. El macabro humor negro que destilaba la salvaje producción de Stainless Games marcó a una generación que no salió corrompida por el juego pero sí pudo disfrutar de algunos ratos realmente divertidos. Al final Carmageddon no sucumbió ante la caza de brujas de los informativos, pero sí se tomó unas largas vacaciones después de una segunda secuela desafortunada, una cancelación y algunos tejemanejes empresariales.

Quince años le ha costado volver a la actualidad, pero ya está aquí Carmageddon: Reincarnation, una actualización de la fórmula original que parece más dirigida a pegarnos una bofetada de nostalgia a los que disfrutamos en su día de sus carreras locas de demolición que a llegar a un nuevo público. Lo hace después de un largo proceso de early access, donde la comunidad ha ayudado a pulir el asunto. De momento solo está disponible para PC a través de Steam a un precio de 24,99 euros, pero Stainless Games no descarta llevarlo a consolas dentro de un tiempo.

No es un plato para todos los paladares, pero de algún modo el mundo necesita que haya un Carmageddon de vez en cuando.

Iván Rosique González
Santomera, Murcia (1985). Licenciado en Periodismo por la Universidad Católica de Murcia. Se incorporó a 'La Verdad' en 2009. Es redactor. Anteriormente en Meristation, Hardgame2 y PSMotion. Un día su padre se presentó en casa con una Atari y desde entonces perdió un hijo. A veces sueña que SEGA todavía hace consolas y al despertar llora con amargura.
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