Abriendo el cofre del tesoro: edición Libertalia de Uncharted 4

No está empezando Uncharted 4, maldita sea, con el mejor pie para mí. La conclusión de las aventuras de Nathan Drake salió ayer a la venta, después de cinco años de espera, y tuve que abortar la primera sesión porque tal grado de virguería me destruyó la mente. Tal cual, tras dos o tres horas de juego me sentí incapaz de digerir algo tan increíble y tuve que apagar para no morir de Stendhal videojueguil. Y hoy peor aún, un problema de salud fulminante me ha despojado de mi única motivación para levantarme de la cama esta semana. Espero poder hacer un Jesucristo y resucitar al tercer día. Mientras tanto, aprovecho que un orfidal se me disuelve debajo de la lengua para darle un repaso a los contenidos que incluye la edición Libertalia del juego. Una caja voluminosa, generosa en contenidos, de esas que resultan especialmente golosas para coronar la conclusión de una saga. Y de esas que se agotan a horas de abrirse las reservas, claro. Aunque las cajas metálicas son ya algo bastante habitual, la incluida en esta edición es bastante especial. Ha sido diseñada por Alexander “That Kid Who Draws” Iaccarino, un artista con un estilo muy personal que se ha especializado en realizar carteles alternativos para cómics y películas. Dentro viene, además del disco del juego, un conjunto de pegatinas y dos tarjetitas con códigos para canjear por contenido digital. Las descargas incluyen un tema dinámico bastante apañado y morralla variada (y prescindible) para el multijugador: puntos para desbloquear mejoras, cuatro trajes, tres skins de armas, tres gorras y un gesto de burla que remite a la daga Phurba de Uncharted 2. No podía faltar tampoco el libro de arte de turno. Es el típico tomo de 48 páginas en formato apaisado y tapa dura, editado por Dark Horse, y a juego con los ya editados de The Last of Us y Uncharted: The Nathan Drake Collection. No he profundizado demasiado por miedo a comerme un spoiler, pero la calidad de impresión es estupenda, como acostumbra la editorial. La culpable del gran tamaño de la caja es la estatua de 30 cm del protagonista, fabricada por Gentle Giant. Quitando el hecho de que la cara les ha salido un poco raruna, un problema habitual en figuras de personajes humanos, el acabado admite pocas quejas. Buen modelado y pintado para una estatua cuyas dimensiones son a la vez su mayor virtud y un problema. Y es que no es tan fácil encontrarle hueco a este armatoste.

Iván Rosique González
Santomera, Murcia (1985). Licenciado en Periodismo por la Universidad Católica de Murcia. Se incorporó a 'La Verdad' en 2009. Es redactor. Anteriormente en Meristation, Hardgame2 y PSMotion. Un día su padre se presentó en casa con una Atari y desde entonces perdió un hijo. A veces sueña que SEGA todavía hace consolas y al despertar llora con amargura.
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