Patatas espaciales

Holy Potatoes! we're in Space?!La casualidad ha querido que coincidan en el calendario de lanzamientos dos hijos de la fórmula FTL: Faster Than Light. A principios de mes hablaba sobre el interesante Diluvion, que llevaba algunos de sus principios de diseño a una distopía submarina y añadía algunos componentes de gestión. Ahora le toca el turno a Holy Potatoes! We’re in Space?!, una simpática parodia protagonizada por una tripulación de verduras y hortalizas.

Aunque el juego de Daylight Studios usa su estrategia por turnos como carta de presentación, sorprende el peso que se le ha dado a la narrativa. La odisea galáctica de dos patatas hermanas para rescatar a su abuelo Jiji, atrapado por una malvada corporación estelar, es tan delirante como cabría imaginarse y sin duda el apartado más redondo. Los divertidos diálogos, junto a su adorable aspecto gráfico y su acertada banda sonora, hacen que sea imposible contener la sonrisa durante la partida.

Jugando con la comida

Por personalidad y tono, Holy Potatoes! We’re in Space?! es un juego que cae bien. Se toma muchas molestias para entrar fácilmente y eso se aprecia en detalles como una interfaz que destaca por ser muy clara. Para facilitar aún más la puerta de entrada se ha diseñado un prólogo bastante extenso (probablemente demasiado) que se encarga de explicar los conceptos básicos.

La obsesión por la accesibilidad es lo que permite que Holy Potatoes! We’re in Space?! consiga defenderse en todas sus facetas mientras que si se hubiera tomado demasiado en serio podría haber naufragado por exceso de ambición.

La parte de gestión, por ejemplo, es algo que suele dar bastante pereza, pero los desarrolladores se las han arreglado para que resulte muy amena. Los recursos obtenidos a lo largo de la aventura deben ser empleados sabiamente para mejorar las capacidades de la nave, construir equipamiento, investigar nueva tecnología y entrenar al personal. La vista isométrica ayuda a tener una visión global de todo lo que ocurre en las diversas salas.

En la progresión por la galaxia es donde más se nota la herencia de FTL. Como en el ya clásico de Subset Games, la tripulación avanza a través de un mapa estelar donde van sucediendo una serie de eventos. Al encontrarse con una nave a la deriva el jugador puede elegir entre ayudar o pasar de largo. También puede que sea una trampa. O simplemente toparse con una nave de piratas espaciales sin humor para negociar. De la resolución de estos eventos depende ganar o perder botín, necesario para poder conseguir mejoras cada vez más necesarias para sobrevivir.

Cuando el enfrentamiento se hace inevitable, cosa que pasa bastante a menudo, se da paso a unas batallas por turnos que consisten básicamente en usar los distintos tipos de cañones en secuencia sobre los puntos débiles del enemigo. Esta es probablemente la parte más floja del juego, principalmente porque la falta de profundidad del sistema de combate hace que se acabe haciendo repetitivo a la larga.

Holy Potatoes! We’re in Space?

La sencillez de Holy Potatoes! We’re in Space?!, que permite conectar con el juego desde el primer minuto, acaba siendo su talón de Aquiles a largo plazo. Quizá más que un exceso de simplificación el problema está en que la aventura dura un poco más de la cuenta. Estamos ante uno de esos casos donde lo bueno, si breve, dos veces bueno.

Veredicto

Holy Potatoes! We’re in Space?! es una versión amable de FTL y no se avergüenza de ello. No debería. Aunque no intenta competir en complejidad con su principal fuente de inspiración, se las arregla para sacar partido de sus principales ideas y las pone al servicio de una historia ligera que ameniza bastante su desarrollo.

Su carisma y su simpatía hacen que no cueste perdonarle sus limitaciones, pero están ahí. No le haría ascos a una secuela que mantenga el humor e introduzca unas mecánicas algo más elaboradas que permitan mantener vivo el interés más tiempo.

valoración: 3,5/5

Iván Rosique González
Santomera, Murcia (1985). Licenciado en Periodismo por la Universidad Católica de Murcia. Se incorporó a 'La Verdad' en 2009. Es redactor. Anteriormente en Meristation, Hardgame2 y PSMotion. Un día su padre se presentó en casa con una Atari y desde entonces perdió un hijo. A veces sueña que SEGA todavía hace consolas y al despertar llora con amargura.
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