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Downward Spiral: Horus Station

Downward Spiral: Horus StationDe las muchas ambientaciones que pueden beneficiarse de las posibilidades de la realidad virtual destaca, con gran peso, la ciencia ficción espacial. Desde niños miramos hacia las estrellas y nos preguntamos qué habrá ahí arriba. El universo ofrece, valga la redundancia, todo un universo de posibilidades creativas capaces de capturar la imaginación de cualquiera. No es de extrañar, por lo tanto, que entre el catálogo inicial para los dispositivos de realidad virtual nos encontremos abundantes naves espaciales y planetas inexplorados. Son temáticas clásicas que se benefician enormemente de esta tecnología capaz de asombrar.

Downward Spiral: Horus Station es el debut del estudio finlandés 3rd Eye Studios. Se trata de un proyecto modesto que no se puede permitir perder ni una venta potencial, así que también puede disfrutarse sin casco. Sin embargo, es en el modo VR donde destapa todo su potencial y debe ser considerado un juego para realidad virtual a todos los efectos.

Misterios a gravedad cero

Como el 99% de las estaciones espaciales en cualquier historia de ciencia ficción, la Horus se fue a tomar por saco. Sin ningún contexto previo, el jugador se encuentra en medio de un (bastante logrado) paisaje marciano y se adentra en sus instalaciones para investigar qué ha pasado. Dentro de la estación, habrá que recorrer sus estancias e interactuar con la maquinaria para recoger briznas de información y conseguir avanzar hasta la siguiente sección. No hay diálogos y es el jugador el que debe construir la historia en su cabeza a base de recogida de pistas y observación del entorno.

A nivel jugable, Downward Spiral: Horus Station es bastante completo. Su pilar central es la exploración, pero también hay algunos puzzles (la mayoría basados en la manipulación de objetos), algunos coqueteos con el terror y algunas partes esporádicas de acción. Son elementos que se llevan bien juntos, pero ninguno es especialmente rompedor o novedoso. La gracia del asunto, en esta ocasión, está en que todo el interior de la estación se encuentra a gravedad cero. Resulta extremadamente desconcertante al principio, pero poco a poco se va haciendo natural usar los asideros que hay distribuidos por las estancias. Es algo parecido a lo visto en la película Gravity, donde los personajes tienen que agarrarse a cualquier cosa para darse impulso o detenerse. Más adelante hay algunas herramientas que facilitan la navegación, como un gancho con cable que permite avanzar en línea recta hacia puntos determinados. Esto resulta de gran ayuda para darle dinamismo a la exploración porque, aunque las barandillas son un recurso muy inteligente para ubicarse en distancias cortas, resulta muy lento avanzar de esa forma.

Es aquí donde entra en juego otro factor. Aunque el juego es compatible con un mando DualShock, lo más recomendable es usar dos Move, uno en cada mano, para reproducir los movimientos del jugador. De este modo, la experiencia se hace extremadamente inmersiva. Los mandos consiguen trasladar los movimientos de la mano al personaje, creando una efectivísima sensación de presencia en el mundo virtual. Tanto es así que incluso acciones sencillas como abrir una puerta resultan extrañamente satisfactorias. Al colocar en el pomo y hacer el gesto de girarlo sientes que lo estás manipulando realmente. Esta sensación se aplica al resto de objetos usables del mundo, como las herramientas y las armas.

Al juego no le falta ambición e incluso ofrece un modo cooperativo online. Lamentablemente no he podido probarlo porque no hay sistema de emparejamiento, sino que funciona a través de partidas privadas protegidas por contraseña. La idea es buena, compartir partida únicamente con gente de confianza para garantizar la colaboración y el buen fluir de la partida. El lado negativo es que no puedes recurrir a jugadores anónimos y, en mi caso, no he podido recurrir a nadie con una segunda copia del juego.

Downward Spiral: Horus Station

Una experiencia consistente

A pesar de ser su primera producción, 3rd Eye Studios demuestra tener un gran talento para sacar partido de la realidad virtual, consiguiendo un grado de efectividad que se le resiste a otros estudios con más recorrido y presupuesto y evitando molestias típicas como los mareos o los vértigos. A pesar de jugarse íntegramente a gravedad cero, Downward Spiral: Horus Station resulta sorprendentemente agradable de jugar, a pesar de que en el modo doble Move puede resultar físicamente exigente, porque te hace mover los brazos y usar las manos continuamente. Y si no, también se ofrece la opción de eliminar el combate completamente, aunque eso le quita bastante emoción.

La apuesta por el realismo y la inmersión le sale algo cara durante los tiroteos. Todo el que tenga algo de experiencia con el tiro al blanco sabe que dar en la diana no resulta tan fácil como en las películas y esto se cumple también en el juego. Acertar a los blancos es bastante difícil, incluso con la ayuda de una mira láser, y cada vez que se le acierta a un enemigo la sensación de triunfo está muy justificada. En cualquier caso, no hay demasiados combates, así que la imprecisión no llega a hacerse frustrante. Ayuda la posibilidad de llevar un arma en cada mano: doble de posibilidades de atinar, aunque yo recomiendo disparar con la mano derecha y usar el gancho con la izquierda para moverse por el escenario y ponérselo algo más difícil a los enemigos.

Técnicamente es robusto y, a pesar de ser una producción indie, tiene el empaque de una producción grande. Puede que gráficamente no llegue a las cotas de títulos mucho más vistosos, como Farpoint, pero resulta bastante sólido, sin caer en problemas técnicos como imagen borrosa o caídas de framerate. Algo similar se puede decir de su apartado artístico. Consigue crear una ambientación efectiva y sugerente, pero le falta algo de garra. La Horus no se diferencia en gran cosa de otras tantas estaciones destartaladas de aspecto retrofuturista que hemos visto en otros videojuegos, como Alien Isolation. Una excepción es la música, no solo porque es bastante buena sino porque la ha compuesto Ville Valo, el cantante y líder de HIM. Tras la disolución del grupo, ver a este guaperas nórdico reconvertido en compositor de bandas sonoras para videojuegos es lo último que esperaba ver, pero la colaboración funciona muy bien y el tipo cumple con nota.

Downward Spiral: Horus Station

Veredicto

En medio de un catálogo a rebosar de “experiencias virtuales” de medio pelo, 3rd Eye Studios pone toda la carne en el asador con un videojuego con todas las de la ley. Downward Spiral: Horus Station es una apuesta decidida por la realidad virtual. Saca partido de sus virtudes como pocos y consigue salir bien parado de sus defectos. Sin casco no resulta especialmente destacable, pero como lanzamiento para PlayStation VR (también disponible para PC, donde es compatible con HTC Vive y Oculus Rift) es prácticamente una compra obligada, más aún si tenemos en cuenta que sale al ajustado precio de 15 euros.

La recomendación se aplica tanto a jugadores casuales como a experimentados. Y es que el juego está en un punto dulce que le permite contentar tanto a los que buscan un bocado de realidad virtual breve pero impactante como a los que necesitan una experiencia jugable más profunda. Sobre todo con una pareja de mandos Move, resulta difícil encontrar dentro del catálogo actual para realidad virtual títulos tan inmersivos que al mismo tiempo sean capaces de ofrecer suficiente sustancia para sostenerse durante varias horas.

Al parecer, Horus Station es la primera entrega de lo que pretende ser algo así como una antología de episodios independientes. Que nadie se alarme, no es un juego episódico ni se siente incompleto, sino que se trata más bien de un intento de englobar varios juegos dentro de la marca Downward Spiral. Tras el buen hacer demostrado en esta primera aventura, los incondicionales de la realidad virtual tienen muy buenos motivos para esperar ansiosos la siguiente propuesta de 3rd Eye Studios.

Downward Spiral: Horus Station

Iván Rosique González
Santomera, Murcia (1985). Licenciado en Periodismo por la Universidad Católica de Murcia. Se incorporó a 'La Verdad' en 2009. Es redactor. Anteriormente en Meristation, Hardgame2 y PSMotion. Un día su padre se presentó en casa con una Atari y desde entonces perdió un hijo. A veces sueña que SEGA todavía hace consolas y al despertar llora con amargura.
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